3 sept. 2017

DosOrillas ¿para qué?

Anabel Sáiz Ripoll y María García Esperón en Tarragona en 2015.

DosOrillas ¿para qué?


Anabel Sáiz Ripoll

Yo escribo acerca de lo que me gusta y emociona, de aquello que siento y hago mío. No pienso, en primer lugar, en escribir un texto comercial ni pienso en los lectores, a los que respeto por encima de todo, pero quiero decir que, cuando escribo lo hago sin mayor finalidad que esa, escribir. No busco transmitir ningún valor moral, aunque, claro, mi pensamiento aparece entre líneas y seguro que muestro una visión del mundo. Busco la emoción, la sencillez, la sobriedad, a veces. Busco encontrar el otro lado de las cosas, que se mire el mundo con otra mirada, más aún, con otras miradas. Por ejemplo, últimamente estoy tratando de dar vida a escritores de la literatura española porque me cansa, como docente, explicarlos como si fueran glorias o momias. Deseo sacarlos de los libros y darles vida, que los lectores, jóvenes y no tan jóvenes, se sientan vibrar al lado del Cid o de Cervantes o de Garcilaso o de Antonio Machado o de Federico García Lorca, por citar unos cuantos nombres. También me interesa mucho la literatura que permite crecer, aquella que muestra al joven en evolución, que lo saca de su zona de comfort y lo invita a crecer. Y, por supuesto, también reinvindico la literatura lúdica, los juegos de palabras, el ingenio, la diversión. Leer no ha de ser un acto sagrado, sino un acto gozoso.


        María García Esperón

Yo escribo por necesidad expresiva personal, pero es verdad también que cuando comencé a publicar en 2004 lo hice pensando en el ámbito educativo, en poder incidir en el proceso de formación de niños y jóvenes.
Al escribir busco que pueda venir a la existencia una sociedad más justa, en la que resplandezcan los ideales, donde estemos imantados por la Belleza y la Verdad, por la Justicia.
Busco en los textos ancestrales mensajes que hagan renacer a nuestro mundo y trato de filtrarlos en obras que puedan ser comprendidas y disfrutadas por niños y jóvenes.
Escribo también para hablar, para construir una oralidad en la que nos vayamos haciendo entusiastas de las palabras. He convertido algunos de mis libros en montajes escénicos para invitar a los lectores a que hagan suyo el texto interpretándolo, ya sea a través de la lectura dramatizada o aprendiendo fragmentos de memoria.
Escribo para aprender y para descubrir, para caminar y para sentir. Para traer al presente a seres del pasado que tienen mucho que decirnos y para, letra a letra y página a página, entregar a los niños y jóvenes de mi tiempo la certeza de que podemos vivir una edad de oro.